sábado, 28 de diciembre de 2013

Cuento: Si hablara mi perro


SI  HABLARA MI PERRO
M:.M:. Gerardo Bouroncle Mc Evoy
Desde Siempre hemos tenido mascotas en casa; los perros son parte de nuestra vida familiar y muchas generaciones han pasado desde aquel primer Schottisch Terrier que llego a casa cuando solo tenía 6 años. Mi tío Luis llegó un buen día a casa con un pequeño regalo, una bola de pelos negros con un par de ojos muy encendidos de color azul intenso. Para mi alegría y gozo era el regalo ideal ; que mas puede desear  cualquier niño de esa edad?, ni la bicicleta, ni mi pelota de Cachito Ramírez fueron lo suficiente para captar mi atención más que ese pequeño ser al que llamé “Tobi”.
La responsabilidad apareció en mi vida, desde bañarlo, peinarlo, darle de comer, limpiar sus “cosas” hasta llevarlo al veterinario, pues tobi se convirtió de a poco no solo en una gran responsabilidad sino en mi mejor amigo, no podía salir a jugar ni a parque si no estaba mi lado. Con sus ojos intensos parecía adivinar cada movimiento mío, sabia a la hora que me levantaba, a la hora que llegaba del colegio y sobre todo a la hora que comíamos. Los años pasaron y poco a poco esa pequeña bola de pelos se convirtió en un precioso amigo con un pelaje negro envidiable por cualquier persona que tuviese una mascota.
En uno de esas tantas visitas de mi abuela a la casa, siempre se admiraba lo bien adiestrado que estaba tobi; tenía yo 12 años y demostraba que era demasiado inteligente, aprendió muchos trucos pero sobretodo me mostraba mucho afecto; le dije un día a  mi abuela: “a este perro solo le falta hablar”.
Sonriendo me miró y me dijo: y si pudiese hablar que le preguntarías?
Me quede pensando y no obtuve una respuesta para tal pregunta.
Con una mirada muy seria, mi abuela me dijo; “Cuando Dios creo al hombre lo hizo tan perfecto como él; ya que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, sin embargo faltaba algo; había creado el cielo y la tierra y a todos los animales del mundo; pero había algo que debía diferenciar al hombre de los demás habitantes del planeta y le dio: La Palabra.
Somos los únicos en el mundo que podemos hablar, así que esa es una diferencia Divina; es por ello que debemos siempre hablar correctamente, debemos con nuestras palabras demostrar amor y sobretodo sabiduría, esa misma de la que estamos hechos.
¿Te imaginas si tu perro hablase? Simplemente sería igual que tu; ya no te necesitaría como te necesita, ya no te buscaría como te busca, y no te movería la cola en señal de afecto y obediencia porque sería igual que tu. En el mundo la palabra no solo nos diferencia de los animales, sino que nos hace ser también a todas las personas seres iguales; por eso también es importante aprender a escuchar a todos porque todos siempre tienen algo importante que decirte, porque cada palabra que escuches te dejará una enseñanza y podrás tener tus propias experiencias de vida,  gracias al Don de la palabra”.
Muchos años me llevo el poder asimilar esas palabras de mi abuela y poder entender el significado real de lo que me quiso decir. “El don de la Palabra”,  si pues; nos hace únicos pero también hay algo mágico en todo esto y es que nuestras mascotas nos entienden cuando les hablamos o pareciera que lo hacen, ellos solo se expresan mediante conductas y patrones que adquieren, si los tratas con cariño y respeto, ellos te lo devuelven y si los tratas mal, pues habrás convertido a aquel cachorro en un animal agresivo contra ti y contra el resto.
Hoy por la tarde estaba sentado en mi jardín y muy inquieto se acerca Jack, la cuarta generación de perros en casa y me puse a juguetear con él y su pelota de tenis; por detrás sentí unas pequeñas manitos de mi hijo Marcelo de 4 años y me dijo:
- Te gusta mucho jugar con Jack no? Es muy inteligente aunque travieso, pero es un buen amigo.
- sí lo es- respondí- hay mucho que aprender de él, pero a la vez el nos necesita mucho.
Recordando a mi abuela en ese momento me puse a pensar que lo más lindo de ser niño es que: “la única raza que te importa es la de tu perro y no la de las personas y te interesa escuchar tanto la opinión de todas las personas que hasta quisieras que tu perro hablase”.
 
B:.R:.L:.S:. Integración N° 149
Vall:. de Lima Or:. del Perú

viernes, 20 de diciembre de 2013

Cuento: el pequeño Santa Claus

EL PEQUEÑO SANTA CLAUS
M:.M:. Gerardo Bouroncle Mc Evoy
Ayer Después de un día agotador de trabajo llegue a casa como siempre por la noche y ya sentado en mi sillón  leyendo mi libro, se acerco mi hijo Marcelo de 4 años corriendo y muy emocionado grito: Hoy tuvimos un día genial!!!
Muy sorprendido le pregunte porque y que había sucedido?
- Hoy fuimos a un colegio de unos niños que viven lejos y les llevamos chocolate,  Panetón y un regalo y jugamos mucho.
Al mirarlo parecía como si se hubiese llenado de energía de haber realizado este acontecimiento algo distinto en su vida; lo vi tan feliz que solo atine a decirle:
- ¿Quisieras volver a hacerlo?
-Claro que si- fue su respuesta – mi maestra nos dijo que les íbamos a llevar la navidad a estos niños y fue muy divertido!!!
Al mirarlo tan feliz le dije: Es cierto, ir y dar algo de ti a otros niños es lo más lindo que puedes hacer, compartir con los demás es muy hermoso y además sirve para que te des cuenta que hay muchos niños en el mundo que no tienen la suerte que tienes tu de tener un techo, una familia y muchos juguetes.
Marcelo se puso muy serio y perdió la sonrisa por un momento:
¿Entonces Santa Claus no los va a visitar?
- En realidad si, visita a todos los niños del mundo, pero quizás no le alcanza el tiempo para poder llevarles a todos sus juguetes, es por ello que Dios puso a niños como tú en el mundo para que lo ayuden y puedan llevarles la navidad a todos; no solo un regalo sino amor y compartir ese chocolate y ese Panetón que representa la unidad de todos en el mundo, ese alimento es el que todos necesitamos para vivir y si lo hacemos juntos sabremos que las necesidades de uno son las mismas que cualquier persona en el mundo sin importar quienes son ni de dónde vienen…….porque todos somos iguales.
En esos momentos mi hijo salió corriendo y se dirigió a meter la mano en su bota navideña al pie de la chimenea, saco su Carta a Santa  y me dijo: puedo poner algo más?
Con asombro le dije: no te parece que tu lista es ya un poco larga?
No papa- respondió con sus ojos enormes y negros – voy a pedir algo mas para mi nuevo amigo de aquel colegio, por si acaso Santa no tiene tiempo y yo se lo llevo. Tú crees que me lo traerá si sabe que no es para mí?
Mi corazón se partió en mil en ese momento: Claro que sí.
Marcelo muy admirado al ver mi rostro me dijo: ¿por qué lloras papa?
Porque no me canso de aprender de ti, porque puedo ser muy grande y creer saber mucho y no me canso de seguir admirándome de lo mucho que tengo que aprender de la pureza de un niño como tú, porque pensé en darte una “pequeña lección” con esta experiencia que has vivido y al final fui yo el que aprendió una “gran lección”.
Ya en mi puesto en Logia hoy por la noche comprendí que por mucho que uno camine en la vida y por mucho que uno aprenda se instruya y lea, siempre hay algo detrás de una página que todavía no hemos leído, quizás ahí está la esencia de tener la mente abierta a todo, a seguir aprendiendo, a seguir buscando………..recordando lo que siempre escuchamos en la Masonería “No hay maestro que no pueda aprender ni aprendiz que no pueda enseñar”……………….. Pero sobretodo no dejar de sorprendernos con lo nuevo y con las cosas simples de la vida como la sonrisa de un niño y sus ganas de Creer.