viernes, 30 de noviembre de 2012

Cuento: el soldado de plomo

EL SOLDADO DE PLOMO
M:.M:. Gerardo Antonio Bouroncle Mc Evoy
Ayer por la noche y luego de un día de esos muy agotador, mi esposa se sentó junto a mí y me dijo que había sacado ya todas las cajas con los adornos navideños del depósito; que los revise y vea cuales renovamos y cuales desechamos; obligado casi me incorpore de mi adorable sillón del cual nunca he podido disfrutar de más de 5 minutos y me dirigí a ver aquel acumulo de cajas en el living.
Una a una iba abriendo las cajas hasta que me topé con una pequeña cajita con un muñeco muy curioso “un soldado de plomo”; casi había olvidado que mi Madre lo había encontrado en su baúl de recuerdos y me lo había enviado envuelto en esa cajita en la navidad del año pasado, cosa que no solo hizo que suelte unas lagrimas sino que me hizo volver a mi niñez un momento; aquel soldado ahora todo doblado y casi despintado, en aquella época formaba parte de un batallón de 30 soldaditos que mi padre me obsequio al cumplir los 7 años.
Un tesoro incalculable de recuerdos y anécdotas de aquel sobreviviente soldado se me vinieron a la mente. Qué bello es recordar pero a la vez que triste es tambien evocar. Dicen que nuestros recuerdos y vivencias quedan en una parte del cerebro llamada la amígdala, ahí está todo lo que hemos visto saboreado y olido. Cuando entramos en contacto nuevamente con esa sensación pues inmediatamente se enciende y le avisa al cerebro que busque la información adecuada y nos viene el recuerdo de ese objeto o sabor u olor. Es decir que no solo recordamos el objeto sino todo lo que ello implica en ese momento; ese soldado de plomo me hizo recordar ese olor exquisito a pavo horneado de mi madre y el inconfundible olor a Panetón navideño, en pocos segundos ya estaba con el sabor en mi lengua, pero a la vez la nostalgia de los años vividos, del niño inocente que esperaba ese regalo navideño después de un largo año de escuela y de pruebas constantes con el único fin de llegar a la navidad siendo un niño bueno y merecedor de regalos como un premio al esfuerzo desplegado en la escuela, en la casa y en la calle.
Siempre llegaba el inventario de mamá y papá: ¿fuiste un niño bueno y obediente en todo el año?....................la respuesta siempre fue SI.
Ese año en particular tuvo un significado muy peculiar no solo por el regalo de mi padre que fueron los soldados de plomo, sino porque ocurrió un hecho muy lamentable en la familia, el hijo mayor de mi tía Inés; la hermana de mi mamá, tuvo un accidente automovilístico y falleció a sus 23 años. El Luto familiar hizo de aquella navidad una celebración muy austera en comida y en regalos. Los ánimos definitivamente no estuvieron muy a la orden del día.
Hoy por la mañana y sentado nuevamente en el living y revisando los adornos navideños mi esposa notó un poco mi melancolía al tener ese soldadito de plomo en mi mano.
¿Pasa algo? Me dijo. - Recordé lo del primo Carlos y lo de su accidente- respondí- casi había olvidado lo que ocurrió aquella navidad. Hoy se cumplen 40 años de aquel terrible suceso.
Por la noche nos dispusimos a ir a la misa conmemorativa de mi primo, al ver a la tía Inés la abrace muy fuerte, me apretó como no queriendo que me vaya, luego me miro directamente a los ojos y me pregunto: ¿cómo están tus hijos? Sus ojos verdes se encendieron al responderle: acá están, los he traído para que te saluden. Muy contenta comenzó a buscar entre todos los familiares cuales eran y casi inmediatamente encontró a mi hijo Joaquín, con una gran sonrisa le dijo: ¡tienes la cara de tu Padre!.
Generalmente cuando nos encontramos con nuestros familiares expresiones como esta salen por doquier, Joaquín un poco serio le dijo: en realidad todos dicen que me parezco a mamá.
La tía Inés empezó a reír, y le dijo: en realidad tienes de los dos, pero siempre tendrás expresiones tanto de tu padre como de tu madre, eso también te hará único siempre!. En ese momento empezaron a correr lagrimas por las mejillas de la tía Inés y sus ojos verdes cambiaron de color, se tornaron oscuros al mezclarse con el rojo, antes blanco de sus escleras, agarro a Joaquín muy fuerte y lo abrazó, lo miro y le dijo: ¡gracias por venir y ayudar a curar mi cicatriz, espero que todos los años vengas a recordar a tu tío aunque nunca lo conociste.
Ya en la casa traté de sentarme en mi sillón cuando en la escena Joaquín irrumpió: ¿Papá porque la tía Inés dice que tiene una cicatriz?
Bueno le dije: Ves la cicatriz que tu mamá tiene en el hombro y que no la deja mover su brazo izquierdo correctamente?
"Pues bien; tu mamá tuvo un accidente automovilístico hace 20 años también y estuvo en estado crítico casi 10 días, en aquella oportunidad casi muere, pero se salvo, sin embargo le quedo aquella enorme cicatriz que la ha limitado en algunas funciones con su brazo izquierdo. Sin embargo eso no ha impedido que siga adelante, no impidió que me enamorara de ella, no impidió que nos casáramos, ni que tengamos dos hijos maravillosos que ella ha criado correctamente; nadie podría decir que esa cicatriz y su limitación le impidieron seguir con su vida como cualquier persona". Continué:
La tía Inés también sufrió un accidente indirecto; mi primo falleció; y la cicatriz le quedo a ella en el corazón, sin embargo eso no ha impedido que siga viviendo; quizás al igual que tu mamá con algunas limitaciones, pero tenemos el resto del cuerpo intacto y útil. Es por eso que ella te dijo que tiene una cicatriz, nunca se borrará, siempre la tendrá ahí, mas no es un impedimento para seguir con vida.
Con los años, muchos tenemos desde pequeñas cicatrices que no se notan hasta grandes que son muy evidentes, algunas externas y otras internas, sin embargo no son un obstáculo para seguir adelante, muy por el contrario son marcas que adquirimos y que de una u otra forma nos recuerdan constantemente las experiencias vividas, nunca las borraremos, serán eternamente un modo de ver hacia atrás lo que nos toco vivir y lo que debemos aprender.
Metí mi mano al bolsillo y saque mi soldadito de plomo: ¿ves este pequeño soldado?- Casi admirado mi hijo no tenía la menos idea de lo que era - Este es un soldado de plomo, un juguete de mi infancia, es también como un pequeño recordatorio para mí de lo que en aquel momento viví. Los regalos que recibimos a lo largo de nuestra vida son las cicatrices que no están en nuestro cuerpo, son objetos que generalmente nos evocan recuerdos gratos; la vida está llena de momentos buenos y de momentos amargos; el cuerpo recibe los amargos en forma de heridas que posteriormente serán cicatrices, y en algún lugar mágico de nuestra mente quedan los buenos momentos, para ello son los objetos que recibimos como regalos, son como pequeños símbolos que nos hacen conectar nuestra mente y sacar un recuerdo lindo de ahí y que generalmente viene acompañado de una expresión facial como por ejemplo: una sonrisa.
Toma este soldado y guárdalo, a mi me acompaño en mis aventuras infantiles, ahora te acompañará a ti en un recuerdo de lo que sucedió hoy que se que nunca olvidarás.